Hay experiencias que no se parecen a unas vacaciones, ni a un curso, ni siquiera a un torneo. Se parecen más a una pequeña vida condensada en pocos días. El Campus de Semana Santa que celebramos del 23 de marzo al 11 de abril en nuestras instalaciones de Enguera nace precisamente de esa idea: ofrecer a los jugadores un entorno donde el fútbol no sea una actividad puntual, sino el eje de todo lo que ocurre durante la jornada.
Durante estas tres semanas, los participantes se levantan, entrenan, comen, descansan y conviven pensando como futbolistas. No importa si vienen de España o de otros países: pronto comparten rutinas, bromas, nervios antes de los partidos y esa sensación de que cada día cuenta. El Campus no busca fabricar estrellas en quince días, sino provocar un cambio real en la forma de entender el juego y el esfuerzo.
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Un escenario natural para desconectar y concentrarse
Enguera no es una gran ciudad ni pretende serlo. Precisamente por eso funciona. Rodeada de naturaleza, permite que los jugadores se concentren sin distracciones, con campos de entrenamiento a pocos pasos de la residencia y espacios comunes donde la convivencia surge de forma natural. El tiempo se organiza en torno al balón, al descanso y a la recuperación, como ocurre en cualquier academia profesional.
Quienes llegan por primera vez suelen sorprenderse por el ritmo. Las mañanas empiezan pronto, el trabajo físico es exigente y las tardes alternan sesiones tácticas, recuperación y actividades formativas. Pero también hay momentos para desconectar, para hablar con compañeros o simplemente para dejar que el cuerpo asimile lo aprendido.
“Cuando un jugador se aleja de su entorno habitual, empieza a descubrir realmente quién es dentro del campo”, explica Frederico Pereira, director deportivo de la academia. “Ese cambio de contexto es parte del aprendizaje.”

Competir fuera de casa: el reto del torneo internacional
Uno de los momentos clave del Campus llega entre el 2 y el 5 de abril, cuando viajamos a Salou para disputar el Torneo Marenostrum 2026. Allí se reúnen canteras de primer nivel, entre ellas clubes históricos como el FC Barcelona o el Ajax de Ámsterdam.
Para muchos jóvenes, es la primera vez que juegan contra rivales internacionales con estilos tan distintos. La velocidad del juego, la intensidad física y la presión competitiva obligan a adaptarse rápido. No se trata solo de ganar partidos, sino de aprender a competir cuando el contexto cambia y el margen de error se reduce.
El viaje incluye alojamiento en hotel de cuatro estrellas y una visita a PortAventura, un respiro lúdico después de días de máxima exigencia. Esa mezcla de tensión competitiva y momentos de ocio suele convertirse en uno de los recuerdos más vívidos del Campus.
“En torneos así, los jugadores entienden que el fútbol es universal, pero cada cultura lo interpreta de forma distinta”, señala Pereira. “Esa exposición es fundamental para su crecimiento.”
Aprender en el campus lo que no siempre se ve
El Campus de Semana Santa no se limita a entrenar. También abre una ventana a todo lo que sostiene el rendimiento deportivo. Los talleres de nutrición individual con Cristóbal ayudan a comprender cómo influye la alimentación en la energía, la recuperación y la prevención de lesiones. No se trata de dietas estrictas, sino de educación práctica.
En paralelo, José Luis imparte sesiones de psicología deportiva centradas en concentración, autoconfianza y gestión de la presión. Muchos jóvenes descubren aquí que el mayor rival no siempre está enfrente, sino en la propia cabeza. Aprender a controlar emociones y expectativas puede marcar la diferencia entre rendir o bloquearse.
El trabajo con vídeo, dirigido por Alain, introduce a los jugadores en el análisis del juego desde otra perspectiva. Verse a uno mismo en pantalla, detectar decisiones acertadas o errores tácticos, cambia la forma de entender cada acción. Por su parte, Ximo guía sesiones de prevención de lesiones, fundamentales en edades de crecimiento.

Entrenar en una academia profesional
Las sesiones de campo están dirigidas por entrenadores con licencia UEFA Pro y siguen una planificación estructurada. Cada semana incluye trabajo técnico, táctico y físico, además de partidos internos donde se aplican los conceptos aprendidos. El objetivo no es acumular horas, sino entrenar con sentido y con una progresión clara.
El programa contempla:
- Actividad futbolística desde el lunes a las 8:30 hasta el sábado a las 12:00
- 16 sesiones de entrenamiento
- 2 equipaciones oficiales
- Acceso completo a nuestras instalaciones
- Tutores disponibles las 24 horas
- Certificado de finalización
Este ritmo sostenido hace que muchos jugadores terminen el Campus con la sensación de haber vivido varios meses en pocas semanas.
Convivir también es aprender
El alojamiento en pensión completa, en habitaciones dobles, favorece la convivencia. Compartir espacio implica negociar horarios, respetar rutinas y aprender a vivir en grupo. Cinco comidas diarias, servicio de lavandería y limpieza permiten que los jugadores se concentren exclusivamente en entrenar y descansar.
Los tutores supervisan el día a día, pero también acompañan emocionalmente, algo especialmente importante para quienes viajan solos o desde otros países. Con el paso de los días, se crean vínculos que muchas veces continúan después del Campus.
Lo que queda cuando termina
Al finalizar las tres semanas, cada jugador se lleva algo distinto. Algunos regresan con mejoras técnicas evidentes; otros, con mayor confianza o con una idea más clara de lo que exige el fútbol competitivo. El Campus de Semana Santa funciona como una experiencia de inmersión: breve en el calendario, intensa en sus efectos.
Cuando las maletas vuelven a llenarse y el silencio regresa a las instalaciones, queda la sensación de haber vivido algo difícil de explicar desde fuera. No ha sido exactamente un curso ni unas vacaciones, sino una etapa comprimida donde el fútbol ha servido como hilo conductor para crecer, convivir y descubrir nuevos límites.
Porque, al final, eso es lo que intentamos construir en SIA Academy: un espacio donde cada jugador pueda imaginar hasta dónde quiere llegar… y empezar a caminar en esa dirección.






