Cuando termina el curso escolar, comienza un periodo esperado por niños y adolescentes: el verano. Lejos de ser solo un paréntesis académico, el verano puede convertirse en una poderosa etapa de crecimiento personal, emocional y físico. El deporte, y en especial el fútbol, ofrece un entorno privilegiado para que los jóvenes desarrollen valores que van mucho más allá del terreno de juego.
En SIA Academy entendemos el verano como una oportunidad única para formar personas además de futbolistas. Nuestro campus de verano 2026, que se celebrará del 22 de junio al 15 de agosto, está diseñado para combinar entrenamiento de alto nivel con educación en valores, convivencia internacional y hábitos de vida saludables.
Índice
Fútbol como escuela de vida
El fútbol es mucho más que técnica, táctica o condición física. Es una herramienta pedagógica capaz de enseñar disciplina, resiliencia, cooperación y gestión emocional. Durante el verano, cuando los jóvenes disponen de más tiempo y energía, estos aprendizajes se consolidan con mayor profundidad.
Entrenar a diario implica asumir responsabilidades: cuidar el descanso, mantener una alimentación adecuada, respetar horarios y trabajar en equipo. Todo ello configura rutinas positivas que pueden mantenerse cuando finaliza el verano y comienza el nuevo curso escolar.
Además, el deporte ayuda a combatir uno de los grandes riesgos de las vacaciones largas: el sedentarismo. Pasar demasiado tiempo frente a pantallas puede afectar al estado físico y mental. El entrenamiento regular aporta estructura, objetivos y sensación de progreso, elementos clave para el bienestar psicológico.

Responsabilidad y autonomía lejos de casa
Para muchos participantes, asistir a un campus durante el verano supone su primera experiencia prolongada fuera del entorno familiar. Esta distancia controlada favorece la madurez personal.
Aprenden a organizar su tiempo, cuidar sus pertenencias, convivir con compañeros de diferentes culturas y resolver pequeños conflictos cotidianos. Estas habilidades sociales y de autonomía son tan importantes como las deportivas.
Desde nuestra experiencia en SIA Academy, comprobamos cada verano cómo los jóvenes regresan a casa más seguros de sí mismos. La convivencia diaria crea lazos de amistad duraderos y fomenta el respeto por la diversidad.
El director deportivo de la academia, Frederico Pereira, lo resume así: “El fútbol en verano es una excusa maravillosa para educar en valores que acompañarán al jugador toda su vida.”
Hábitos saludables en verano que perduran
Uno de los grandes objetivos de cualquier programa deportivo estival es instaurar rutinas que favorezcan la salud integral. Durante el verano, los horarios suelen alterarse y es fácil descuidar aspectos como el sueño o la alimentación.
En nuestro campus ponemos especial atención en estos factores. Una nutrición equilibrada, la hidratación constante y el descanso adecuado forman parte del entrenamiento tanto como los ejercicios con balón. Los jóvenes comprenden que el rendimiento deportivo depende directamente de cómo cuidan su cuerpo.
También trabajamos la prevención de lesiones, el calentamiento correcto y la recuperación tras el esfuerzo. Estos conocimientos resultan especialmente valiosos en verano, cuando las altas temperaturas exigen precauciones adicionales.
Otro aspecto clave es la salud mental. La actividad física al aire libre, el contacto social y la sensación de pertenencia a un grupo reducen el estrés y mejoran el estado de ánimo. El verano se convierte así en un periodo de renovación emocional.

Educación en valores a través del deporte
Más allá del rendimiento, el campus busca formar ciudadanos responsables. El respeto a compañeros, entrenadores y normas es una base irrenunciable de nuestra metodología. Cada entrenamiento y cada partido son oportunidades para practicar la deportividad y la empatía.
El verano permite dedicar tiempo a dinámicas educativas que durante la temporada resultan más difíciles de implementar: charlas formativas, actividades de cohesión de grupo o sesiones sobre hábitos de vida. Todo ello se integra de manera natural en la rutina diaria.
Como señala Frederico Pereira: “Queremos que cada jugador se vaya del verano no solo siendo mejor futbolista, sino mejor persona.”
Un entorno internacional que amplía horizontes
Uno de los elementos más enriquecedores de nuestro campus es la diversidad cultural. Participan jóvenes de distintos países, lo que convierte cada verano en una experiencia global.
Convivir con personas de otras nacionalidades fomenta la tolerancia, la comunicación y la apertura mental. Los jugadores practican idiomas de forma espontánea y descubren nuevas costumbres, algo especialmente valioso en edades formativas.
Este ambiente multicultural prepara a los jóvenes para un mundo cada vez más interconectado y les ayuda a desarrollar habilidades sociales esenciales para su futuro académico y profesional.
Preparación para la nueva temporada… y para la vida
El verano también es un momento ideal para mejorar aspectos técnicos y físicos que durante la competición regular no pueden trabajarse con tanta profundidad. Los entrenamientos intensivos permiten avances significativos en coordinación, toma de decisiones y comprensión del juego.
Sin embargo, el verdadero valor del campus no se mide solo en goles o regates. Se mide en confianza, hábitos adquiridos y recuerdos que influyen positivamente en el desarrollo personal.
Cuando termina el verano y los participantes regresan a sus rutinas, llevan consigo herramientas que les ayudarán a afrontar nuevos retos. La constancia aprendida en el campo se traslada a los estudios; la convivencia, a sus relaciones personales; y el cuidado del cuerpo, a su bienestar general.






